Qué ocurre en el organismo
En la diabetes tipo 1, los linfocitos T del sistema inmunitario atacan y destruyen progresivamente los islotes de Langerhans — grupos de células del páncreas responsables de producir insulina. Cuando la insulina escasea de forma crítica, la glucosa deja de ser absorbida por las células y se acumula en la sangre, provocando hiperglucemia. Antes, este tipo se denominaba diabetes "insulinodependiente" o "juvenil", ya que se detecta con mayor frecuencia en niños, adolescentes y adultos jóvenes, aunque puede desarrollarse a cualquier edad.
Prevalencia mundial
Según estimaciones del IDF Diabetes Atlas (11.ª edición, 2025), en el mundo viven cerca de 9,5 millones de personas con diabetes tipo 1 — un 13% más que en 2021. Este tipo representa aproximadamente el 5–10% de todos los casos de diabetes. La incidencia varía mucho entre regiones: en los países escandinavos se diagnostican cada año entre 30 y 60 casos nuevos por cada 100.000 niños, mientras que en Asia oriental y América del Sur son solo entre 1 y 3 casos por cada 100.000. Desde mediados del siglo XX, el número de casos nuevos en el mundo aumenta cada año aproximadamente un 3–4%.
Causas y factores de riesgo
La causa exacta de la reacción autoinmune no se ha determinado con certeza, pero se sabe que la predisposición genética desempeña un papel importante — en particular, la región de los genes HLA. Si uno de los padres tiene diabetes tipo 1, el riesgo para el hijo es de aproximadamente el 1–9%; si la tiene un hermano o hermana, del 6–7%; y entre gemelos idénticos la concordancia alcanza el 30–70%. Esto demuestra que los genes por sí solos no determinan la enfermedad por completo — es probable que también influyan factores ambientales (por ejemplo, ciertas infecciones virales), aunque su papel no se ha demostrado de forma concluyente.
Síntomas
Los síntomas suelen aparecer rápidamente — en cuestión de días o pocas semanas — y pueden ser bastante marcados. Entre los signos típicos se incluyen:
- sed intensa (polidipsia) y sequedad bucal;
- micción frecuente (poliuria); en los niños, enuresis nocturna repentina;
- aumento del apetito (polifagia) junto con pérdida de peso;
- fatiga, irritabilidad, visión borrosa;
- en caso de progresión rápida — náuseas, dolor abdominal, aliento con olor afrutado (signos de cetoacidosis diabética, que requiere atención médica urgente).
Evolución y posibles complicaciones
Sin insulina, la deficiencia de esta hormona provoca cetoacidosis diabética — un estado peligroso en el que el organismo comienza a descomponer las grasas en cuerpos cetónicos ácidos. Se estima que esta complicación se presenta entre 1 y 5 episodios por cada 100 personas-año y es una de las principales causas de muerte entre las personas con diabetes tipo 1 menores de 58 años. También es peligrosa la hipoglucemia grave (descenso excesivo del azúcar), que puede causar pérdida de conciencia o convulsiones. A largo plazo, el azúcar crónicamente elevado se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, daño ocular (retinopatía), renal (nefropatía) y nervioso (neuropatía) — más información en la página complicaciones de la diabetes.
Cómo suele abordarse la enfermedad
La base del tratamiento es la insulinoterapia sustitutiva de por vida — una combinación de insulina de acción corta/rápida (antes de las comidas) e insulina de acción prolongada, administrada mediante inyecciones o con una bomba de insulina. El control regular del nivel de glucosa desempeña un papel importante — mediante un glucómetro o sistemas de monitorización continua de glucosa (MCG) —, así como el análisis periódico de HbA1c para evaluar el control de la enfermedad a largo plazo. En algunos casos, la literatura médica menciona también enfoques adicionales — el trasplante de páncreas o de células de los islotes —, pero se trata de soluciones muy especializadas y no de una terapia habitual de primera línea.