Qué ocurre en el organismo

A diferencia de la diabetes tipo 1, en la diabetes tipo 2 el páncreas suele seguir produciendo insulina al principio de la enfermedad — a menudo incluso en mayor cantidad que en personas sanas —, tratando de compensar la menor sensibilidad de los tejidos. Con el tiempo, esta compensación se agota y el nivel de glucosa en sangre se eleva de forma sostenida. Antes, este estado se denominaba "diabetes no insulinodependiente" o "diabetes del adulto", aunque hoy en día se diagnostica cada vez más también en grupos de edad más jóvenes.

Ilustración sobre la diabetes tipo 2 — resistencia a la insulina

Prevalencia mundial

Según datos de la OMS, en 2022 había en el mundo alrededor de 830 millones de adultos con diabetes (de todos los tipos y grupos de edad) — frente a los 200 millones de 1990. El IDF Diabetes Atlas (11.ª edición, 2025) ofrece una cifra algo diferente — 589 millones de adultos de 20 a 79 años, es decir, aproximadamente uno de cada nueve adultos en el mundo; se prevé un aumento hasta 853 millones para 2050. Estas cifras difieren debido a los distintos límites de edad y metodologías de cálculo, por lo que no conviene compararlas de forma directa. Históricamente, el número de personas afectadas ha crecido con rapidez: alrededor de 30 millones en 1985, 135 millones en 1995, 217 millones en 2005 y 392 millones en 2015.

Causas y factores de riesgo

Se considera que los principales factores de riesgo son el sobrepeso o la obesidad y la baja actividad física. La contribución del exceso de peso al desarrollo de la enfermedad varía considerablemente entre poblaciones: según las estimaciones, representa alrededor del 30% entre las personas de origen chino y japonés, del 60–80% entre las de origen europeo y africano, y casi el 100% entre algunos pueblos indígenas (por ejemplo, los indios pima o los habitantes de las islas del Pacífico). Entre otros factores se incluyen:

  • la herencia — la heredabilidad se estima en aproximadamente un 72%, y se conocen más de 36 genes relacionados con el riesgo;
  • antecedentes familiares de diabetes tipo 2;
  • edad a partir de los 45 años (aunque la enfermedad se diagnostica cada vez más también en personas más jóvenes);
  • diabetes gestacional previa;
  • consumo excesivo de bebidas azucaradas, grasas saturadas y grasas trans;
  • estrés crónico, falta de sueño, tabaquismo;
  • hipertensión arterial y alteraciones del metabolismo lipídico.

Síntomas

La principal diferencia con el tipo 1 es un inicio lento, a menudo imperceptible. Muchas personas no presentan ningún síntoma durante años, y la enfermedad se detecta de forma casual durante un análisis de sangre de rutina. Cuando los síntomas sí aparecen, incluyen:

  • mayor sed y micción frecuente;
  • sensación constante de hambre, fatiga;
  • deterioro de la visión;
  • cicatrización lenta de cortes y heridas, infecciones frecuentes;
  • entumecimiento u hormigueo en manos y pies;
  • oscurecimiento y engrosamiento de la piel en el cuello, las axilas o la ingle (acantosis).

Evolución y posibles complicaciones

Según estimaciones de los investigadores, la diabetes tipo 2 mal controlada se asocia, en promedio, con una reducción de la esperanza de vida de aproximadamente 10 años. La enfermedad aumenta entre 2 y 4 veces el riesgo de eventos cardiovasculares, es la principal causa de amputación no traumática de las extremidades inferiores (el riesgo aumenta, según algunas estimaciones, hasta 20 veces), de pérdida de visión por retinopatía y de insuficiencia renal. Según la OMS, en 2021 la diabetes causó directamente 1,6 millones de muertes, otras 530.000 muertes aproximadamente están relacionadas con la enfermedad renal diabética, y el aumento de la glucosa está implicado en cerca del 11% de las muertes cardiovasculares en el mundo. Una complicación aguda — el estado hiperosmolar hiperglucémico — es menos frecuente que la cetoacidosis del tipo 1, pero también requiere atención médica urgente. Más información en la página complicaciones de la diabetes.

Cómo suele abordarse la enfermedad

La primera línea suele ser el cambio del estilo de vida: alimentación, actividad física y control del peso. Estudios citados por Wikipedia muestran que una pérdida de peso significativa (aproximadamente a partir de 15 kg en personas con obesidad) se asoció, en algunos casos, con la remisión de la enfermedad — esto se presenta como el resultado de investigaciones científicas, no como una recomendación general. Si los cambios en el estilo de vida no son suficientes, se prescribe tratamiento farmacológico: la metformina suele mencionarse como fármaco de primera línea, y también se utilizan otros grupos de medicamentos (agonistas del GLP-1, inhibidores del SGLT-2, sulfonilureas y otros). En etapas más avanzadas puede ser necesaria la insulinoterapia. El estándar de manejo de la enfermedad incluye el control regular de la glucosa, la HbA1c y el cribado de complicaciones (ojos, riñones, pies, sistema cardiovascular).

Este artículo describe enfoques generales mencionados en la literatura médica y no constituye una recomendación sobre un tratamiento, dieta o dosis concretos. Solo un médico puede determinar el esquema individual.